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Mariano Fernández Enguita

Perfil

3 octubre, 2017
Mi tribuna de ayer en El País
Corría el año 1852 cuando Karl Marx, en El 18 Brumario de Luis Bonaparte, y Friedrich Engels, en Revolución y contrarrevolución en Alemania, acuñaron la expresión “cretinismo parlamentario”. Marx se apiadaba de los afectados, confinados “en un mundo imaginario y [privados] de todo sentido, toda memoria y toda comprensión del rudo mundo exterior”; Engels se reía de las “infelices víctimas” y su “solemne convicción de que todo el mundo, su historia y su futuro se rigen por la mayoría de votos de aquella institución representativa que tiene el honor de contarlos entre sus miembros.” Se referían, claro está, a que sus proclamas y resoluciones iban a chocar con la dura realidad de los poderes establecidos y de la lucha de clases. El sambenito hizo fortuna y fue repetido una y otra vez por Lenin, Trotsky, Gramsci y, claro está, todos sus corifeos. “No es un insulto”, diría Trotsky, “sino la característica de un sistema político que sustituye la realidad social por construcciones jurídicas y morales, por un ritual de frases decorativas.”

Tienta calificar de tal la pretensión secesionista, sea desde el parlament o el govern, de representar la voluntad inequívoca del grueso de la sociedad catalana, cada vez que aprueban leyes del calibre del referéndum de autodeterminación y la desconexión o secesión en una cámara que no tiene competencias para ello, a la que no fueron elegidos para eso y en la que representan el 53% de los escaños, el 48% del voto y el 36% del electorado. Pero sería ingenuo hablar de cretinismo cuando han organizado con notable eficacia y apoyo un autogolpe que, en su análisis, sólo puede beneficiar a la causa: en el improbable caso de salir todo a su antojo, alcanzarían la independencia desde una minoría de la sociedad y del electorado; en el más que probable de no lograrlo, el gobierno se verá abocado a negociar entre alguna forma de ejercicio del derecho a decidir y, al menos, una batería de concesiones, sobre todo si no faltan los equidistantes que temen tomar partido o tratan de contentar a todos; en el peor escenario, la aventura dejará una nutrido archivo audiovisual de simpáticas jóvenes ofreciendo flores a los ceñudos represores, si es que no se añade algo con lo que alimentar el martirologio. (También es mala suerte que nos haya cogido con el peor y más débil gobierno de la democracia, pero no es casual.) Cretinismo, si acaso, el de los incontables indignados que, sin ser protagonistas del plan, aceptan y aplauden la reducción de la democracia al voto de unos representantes ignorando en bloque el procedimiento parlamentario debido (tecnicismos), el Estado de derecho y el  imperio de la ley (con lo mal que suena), la división de poderes (no se la cree nadie), la letra y el espíritu de la Constitución y el Estatut (¡uy, esos!) y la soberanía del conjunto del pueblo español (¿el pueblo qué?).

En la segunda oleada de la epidemia, el virus parlamentario muta en plebiscitario. Pues plebiscito es un referéndum que no se limita a tratar de cambiar tal o cual ley sino que promete y reclama fe incondicional en un futuro esplendoroso: al poco, asegura la vieja y corrupta CiU, Cataluña será Dinamarca, Holanda, o las dos; al día siguiente, promete ERC, será una república social y libre de corrupción; tarde o temprano, añade la CUP, llegará el socialismo, pero el de verdad, el comunismo. Les falta citar a Pujols: Perquè seran catalans, totes les seves despeses, on vagin, els seran pagades. Lástima que el viaje sea más bien de la pátria de la veritat (Pujols) al país de la mentira desconcertante (Ciliga). Si votar en el parlamento es bueno, hacerlo en la calle tiene que ser el bien supremo. ¿Cómo oponerse al derecho a decidir? “Més democracia” (Colau); “esto no va de independencia, sino de democracia” (Guardiola); “España no tiene un problema con Cataluña, sino con la democracia” (Ibarretxe); “una manifestación política legítima” (Iglesias). Es una idea de la democracia que se reduce a que todo vale si se vota, no importa qué ni por quién. El voto pasa a ser como blanquear el dinero: no importa de dónde venga ni a dónde vaya, siempre que se pueda presentar un recibo en orden de la última transacción. Dos mil quinientos años dando vueltas a quién, cómo y cuándo votar, a como separar y contrapesar los poderes, y resulta que era sólo esto. Si els fills de puta volessin no veuríem mai el sol, cantaba Quico Pi de la Serra. Vamos a dejarlo en que, como levanten demasiado el vuelo los papanatas, a los que la Academia define por su sencillez y credulidad, la democracia va a vivir un eclipse imprevisible. Si no lo creen, asómense a Twitter.

5 Comentarios a “Papanatismo plebiscitario

  1. Francisco

    (Segunda parte)

    ¿Qué respuesta ha dado Puigdemón al requerimiento del Gobierno? Ninguna. Se ha limitado a insistir en su petición de intermediarios y en el llamamiento al diálogo. Introduce una novedad que puede parecerse a aquello de “salir por los cerros de Úbeda”. Pide un tiempo muerto de dos meses en el juego de pin- pon que sostiene con el Gobierno central.

    ¿Salir por los cerros de Úbeda? Dos meses son suficientes para que quienes realmente le presionan, la CUP, abandone el parlamento autonómico como ya vienen anunciando y para que el señor Puigdemón convoque elecciones al quedar en minoría.

    ¿Habrá recogido el mensaje Rajoy? Seguro. Lo oiremos hoy decir que prosigue en su requerimiento hasta el jueves como ya le había anunciado, que después iniciará todos los trámites -que son muchos- para proceder a la efectiva aplicación del artículo (reducido a articulito) y que finalmente suspenderá, en parte, la autonomía en Cataluña.

    Si yo tuviera dinero –que no es el caso- apostaría a que “ese trámite” durará como mínimo dos meses.
    Con un nuevo presidente y Govern en Cataluña, Rajoy habrá conseguido diluir de momento la pseudeclaración de independencia y el Molt Honorable President volverá a su casa con su familia en Gerona sin que se le haya caído un solo pelo de su poblada cabellera, pero no para trabajar en la pastelería de su padre en Amer, sino en coche oficial, con sueldo de expresidente, oficina y secretaria a cargo del presupuesto y todas las demás prebendas que le corresponden por ley.

    El silencio, la negación a contestar y el haber jugado a golpista con sus amigos no es delito. Lo sabe Puigdemón y lo sabe Rajoy y – como dice el refrán- “a enemigo que huye puente de plata”.

  2. Francisco

    ¿Una pregunta Saducea?

    ¿Qué respuesta dará el Presidente Puigdemont a la pregunta del Presidente Rajoy? _Ninguna. Insistirá en pedir intermediarios y en ofrecer diálogo.

    Aparentemente le ha hecho el Gobierno una de aquellas preguntas que don Torcuato Fernández Miranda -artífice de la impecable estructura legal de la transición- calificaba de “preguntas saduceas” pues las dos respuestas, si/no, implicaban un contratiempo cierto. ¿Debemos pagar tributo al Cesar? La afirmación llevaba ante Caifás, la negación ante Pilatos, pero también es posible el silencio que ni afirma ni niega.

    Se dirá, y es cierto, que el silencio en este caso es negativo y así lo recoge el requerimiento de marras, pero es mera apariencia. Los saduceos buscaban la muerte de Jesús y Rajoy busca la solución del problema catalán sin convertir a Puigdemont en un mártir del independentismo.

    Recordemos los tiempos del tardo franquismo en el que los progres hijos de papá buscaban desesperadamente alguna ocasión de ser conducidos por la policía a la comisaría permaneciendo en ella un par de horas, sentados en la antesala, para poder así adornar sus currículos con el prestigioso título de luchadores antifranquistas . Muerto Franco se lo inventaban. Rajoy quiere que Puigdemont vuelva a su casa de Gerona con su familia sin que se le haya caído un solo cabello. La aplicación debilitada del 155 le servirá de escusa y justificación para no ser tildado de cobarde y traidor por los de la CUP. ¿Cuánto no pagaría él por una foto saliendo esposado del palacio del Govern? Rajoy no es tan generoso. Agradece, eso sí, el parto de los montes de la ¿proclamada? república independiente y ofrece un puente de plata (o de hojalata) al Molt Honorable Expresident: el silencio como respuesta, que no es delito culposo.

  3. Francisco

    ( y III) BREVE HISTORIA DE LO QUE NO ESTA OCURRIENDO EN EL ESTADO DE ARKANSAS

    No hay un gobernador desleal, pagado muy generosamente con fondos públicos, preparando con sus colaboradores un discurso para anunciar los detalles de una felonía.

    No hay una legislación fabricada ad hoc para acallar a los parlamentarios leales a la constitución.

    No hay un parlamento regional en el que no se aplican las leyes ni los reglamentos.

    No hay edificios palaciegos, oficinas estatales, funcionarios públicos, escortas, secretarios, conductores, policías, medios de transporte y comunicación y otras propiedades públicas, al servicio de los rebeldes a la nación que les otorgó los poderes de representación que ostentan y disfrutan.

    No hay un palacio de justicia demandando protección de policías federales leales por desconfiar, con todo fundamento, de los regionales.

    No se la movilizado la 101 División Aerotransportada porque no es necesario. Ya quedó demostrado en Little Rock que hay cosas con las que no pueden jugar gobernantes, policías, alborotadores o colegios: el cumplimiento de la Constitución y las leyes.

  4. Francisco

    UNA BREVE HISTORIA

    Un Presidente fiel a su juramento.
    Unas leyes de obligado cumplimiento.
    Unos jueces que las aplican sin miramientos
    Un Gobernador sectario y racista.
    Unos policías venales.
    Unas fuerzas armadas que defiende el orden constitucional.
    Unos negros que entran a su escuela.
    http://www.unabrevehistoria.com/2008/08/little-rock-central.html

  5. Francisco

    Nunca pensé que llegaríamos a esto.

    Muchos recordamos la última parte de la película Vencedores o Vencidos en la que el presidente del tribunal accede a la petición de uno de los condenados y lo visita en la celda donde ha comenzado a cumplir una dura sentencia. Se trata de un juez alemán tenido por jurista eminente y juez justo:

    Le manifiesta el condenado (que ha visto proyectados en el juicio los horrendos crímenes del nazismo), que en un principio aceptó dictar sentencias en asuntos menores por no contrariar las normas dictadas por el régimen nazi afirmando, entre lágrimas, que ¡nunca, nunca! pensó que llegaríamos a “esto ”.
    _“El día en que usted firmó una de esas sentencias sabiendo que era injusta ya había llegado a esto”, le contestó con firmeza el presidente del tribunal.

    Pero dejemos los relatos cinematográficos, salvo el título de uno de ellos:
    El huevo de la serpiente.

    Escuchamos hoy en todas las televisiones el zumbido de los enjambres de politólogos, informadores y sobre todo “todólogos” (contertulios peripatéticos conocedores de todo y clarificadores de nada), preguntarse cómo hemos llegado hasta aquí.

    _El día en que un maestro, traicionando su profesión, entró en un aula para instilar impunemente el odio a España en las mentes blancas y receptivas de sus alumnos, ya habíamos llegado a esto. Allí quedaba el huevo de la serpiente. Otros más avezados que él en la manipulación, la tergiversación histórica y el engaño se encargarían de la incubación. En la propia universidad y en las calles de Cataluña hemos visto estos días la eclosión.

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