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Miguel Sola

Perfil

31 enero, 2016

A mi modo de ver, lo más importante que está haciendo la neurociencia hasta el momento con respecto a la educación es validar científicamente, al modo riguroso en que la ciencia suele demostrar las cosas, los postulados de las teorías psicológicas de Piaget, Vigotsky o Ausubel, los preceptos y propuestas de la escuela activa, los fundamentos de la innovación en las aulas.

Nada de esto es nuevo. Lo novedoso es que ahora las teorías psicológicas y sus correspondientes propuestas pedagógicas y didácticas están siendo refrendadas por hallazgos científicos indiscutibles; lo que solo eran modelos para comprender al aprendizaje, basados en la observación y el análisis de las conductas, ahora encuentran justificación en el comportamiento observable y medible de la actividad neuronal. Si todavía había quien pensaba que las teorías de las que se alimentaba la educación eran acientíficas o precientíficas porque no había manera de estudiar con rigor lo que sucedía dentro de la “caja negra”, es el momento de abandonar tales posiciones, porque todos los descubrimientos que los neurocientíficos nos están brindando vienen a dar carta de naturaleza, que no a inventarlas, a concepciones ya clásicas del aprendizaje y, en su aplicación, a modelos de enseñanza consecuentes con ellas.

La emoción es la puerta de entrada del aprendizaje, el alimento de los procesos racionales, el combustible de las conexiones neuronales en el lóbulo prefrontal. Un aprendizaje que tenga significado y que incluya aspectos de motivación y de emoción, y sobre todo de placer, tiene muchas probabilidades de ser permanente y estar disponible para su recuperación cuando sea necesario.

El aprendizaje se basa en conectar neuronas o en reforzar las conexiones existentes. Cuantas más áreas del cerebro se involucren en la actividad de aprendizaje, más y mejores conexiones. Un aprendizaje que consigue movilizar emociones, raciocinio, toma de decisiones y memoria a largo plazo es un aprendizaje que va a quedar mucho mejor consolidado y además va a ser más fácil recuperarlo de forma voluntaria y de aplicarlo a situaciones nuevas.

Adelantar objetivos no beneficia mucho y puede perjudicar bastante. De la misma manera que aprender a nadar con meses no significa que se sea mejor nadador a los 20 años que quien aprendió con 10, aprender a leer antes de tiempo no garantiza nada en el futuro y en cambio puede tener efectos negativos si el aprendizaje se realiza con estrés o con daño en la propia estima.

No se aprende correctamente en situaciones de estrés, sino en escenarios de confianza. El estrés durante el aprendizaje tiene el efecto de asociar la actividad escolar a malestar, a situaciones desagradables, a aspectos emocionales negativos. Cuando el estrés es crónico influye negativamente en la capacidad del cerebro de gestionar las emociones, la memoria y la toma de decisiones.

El cerebro no aprende por memorización, sino cuando la actividad relaciona con éxito contenidos y contextos de aplicación, de uso, cuando el aula y la realidad no están divorciadas.  La mejor manera de enseñar pasa necesariamente por estimular el deseo de aprender, es decir, por motivar activamente en lugar de esperar que los motivos vengan instalados por defecto en la configuración cerebral de los estudiantes.

El aprendizaje cooperativo es más potente que el individual y competitivo, porque se activan las neuronas espejo, responsables de la empatía y estimuladoras de la imitación, una estrategia del cerebro imprescindible para aprender.

El ejercicio favorece la plasticidad neural, que es precisamente la base del aprendizaje. Frente a permanecer durante horas sentados, es muy recomendable realizar tareas que permitan la actividad física, el movimiento por el aula, el desplazamiento por diferentes rincones y ambientes.

Es preciso crear nuevos contextos de aprendizaje distintos de las aulas cerradas y aisladas, distintos de esas reuniones de escuelas unitarias que son los centros educativos.

En todo lo que la neurociencia pone al descubierto sigue habiendo un elemento esencial, insustituible, protagonista tanto para el cambio como para la permanencia, para la innovación como para el inmovilismo o la involución: el docente. Tampoco es nada nuevo, pero ahora más que nunca se pone de manifiesto que sin su capacidad para crear ambientes, elaborar materiales, diseñar espacios, definir proyectos, proyectar actividades, relacionar contenidos, emocionar a sus estudiantes… ni es posible una enseñanza de calidad, ni es posible un aprendizaje duradero y estable.

Todo eso si se quiere educar. Si lo que se pretende es seleccionar a quienes mejor se adapten y sobrevivan a condiciones adversas, lo mejor es ignorar los hallazgos de la neurociencia y seguir empeñados en un sistema educativo, ahora sí, precientífico o acientífico. El que define la LOMCE.

 

Publicado en Periódico Escuela el 28 de enero de 2016

8 Comentarios a “La neurociencia contra la LOMCE

  1. Natalia

    Muy buen artículo, como docente me encuentro constantemente actualizandome en cuanto a metodología de enseñanza. Hay alguna metodología que permita trabajar con las estrategias que ofrece la neurociencia?

  2. Natalia

    Muy buen artículo, claro y preciso.
    Soy docente y me encuentro constantemente en búsqueda de nuevas metodologías de enseñanza. Hay alguna metodología que pueda trabajar aplicando las estrategias de la neurociencia?
    Gracias

  3. Mary Hidalgo Gámez

    Excelente artículo, Miguel. Es muy clarificador del necesario cambio que se debe producir en las aulas, que justifica científicamente las innovaciones educativas que algunos atrevidos contra viento y marea, intentamos llevar a cabo en nuestras aulas. Con tu permiso, lo difundiré para aquellos que aún dudan de las prácticas pedagógicas que se salen de lo “normal”.Un saludo.

  4. Virginia

    Qué artículo tan bueno.

  5. Irene Laguna

    El artículo sigue muy de cerca el vídeo “Neuroeducación: por otra escuela” elaborado por la plataforma Yo estudié en la Pública y difundido en diciembre de 2015. https://youtu.be/QiRqCKUiRDc

  6. Enrique Sánchez

    La neuroeducación consiste en la aplicación de los descubrimientos de las neurociencias al campo del aprendizaje y los métodos de enseñanza. Conociendo cómo actúa nuestro cerebro, qué es lo que le hace aprender y qué lo que le bloquea; sabiendo cómo madura y cuál es el momento más adecuado para cada aprendizaje, se podrían diseñar métodos de enseñanza y un sistema educativo considerablemente mejores que los que tenemos ahora. De ahí las grandes expectativas que se depositan en ella.

    Pero la neuroeducación se mueve en un terreno resbaladizo, propicio al espectáculo y el sensacionalismo. La reverencia que se tiene por la Ciencia, el uso de su terminología fuera de contexto, la falta de formación, los malos libros de divulgación y la necesidad de encontrar recetas puede conducir a decisiones que no tienen el soporte científico que se les supone.

    La ciencia otorga respetabilidad, por eso se utiliza para reforzar un argumento, que se presupone veraz al venir avalado por las evidencias científicas. Pero, como sucede con el uso que se hace de las estadísticas, los datos pueden sesgarse, distorsionarse o presentarse de modo que se ajusten a nuestras conveniencias.

    Por ejemplo, hace un par de años aparecieron en la prensa distintos artículos en los que se afirmaba que el cerebro bilingüe, o multilingüe, no es igual que el monolingüe. Según estos artículos, hablar más de una lengua hace que el cerebro trabaje de forma distinta, lo que se traduce en mentes más flexibles, con mayor capacidad de atención y concentración, con más memoria y más protegidas frente el deterioro cognitivo que supone la vejez. En consecuencia, aprender simultáneamente dos o más idiomas tiene beneficios evidentes.

    Este mensaje, sin matizar, es suficiente para construir un discurso que justifique una decisión educativa; en este caso, la implantación escolar del bilingüismo desde la infancia. Aunque esta decisión se hubiera tomado inicialmente por su rentabilidad política y los argumentos que se manejaron en su momento fueran la globalización de los mercados y la necesidad de cualificación de nuestros hijos en un futuro competitivo.

    http://www.otraspoliticas.com/educacion/la-neuroeducacion-y-las-decisiones-educativas

  7. Miguel Sola

    Gracias, Ana, eres un encanto. Y gracias también por tu labor al frente de COPOE, tan meritoria.

  8. Ana Cobos Cedillo

    Enhorabuena Miguel, magnífico artículo, expresas con claridad y rigor las claves del aprendizaje, lamentablemente tan alejadas de los principios de la LOMCE.

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