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Miguel Sola

Perfil

27 mayo, 2016

Desde el miércoles 11 de este mes ando doblado, y creo que es de la risa. Y sin embargo no termino de entender por qué entonces ese rictus en la comisura de mis labios, que no acompaña al resto y sugiere una amargura enemiga del regocijo.

La causa de semejante estado de hilaridad incongruente no es otra que la lectura de una pieza leída en infolibre que da cuenta del comienzo de las reválidas en Castilla y León, Madrid, Galicia y La Rioja.  La noticia es en sí de lo más prescindible: una especie de brevísimo reportaje con manifestaciones bastante tópicas de profesorado al respecto. Mas, repentinamente, no puedo reprimir la carcajada y vuelvo aprisa a la cabecera del periódico para confirmar que se trata de una publicación de humor como otras que en ocasiones me han hecho picar y tomar por buena alguna barbaridad puesta en boca de políticos y otras celebridades, tal cual la que hace un año en Rokambol afirmaba que Wert había decretado que se añadiera a los ejercicios sobre ecuaciones de segundo grado la expresión “si dios quiere”.

Pues no, no es un montaje, no es una gracia del redactor, es algo bastante más serio y por eso me da tanta risa la cosa: una maestra se queja de que a sus alumnos de sexto de Primaria se les pregunta por la célula eucariota, y “no la han dado”. Habrá que creer a la colega, pero antes es conveniente pedirle que mire a ver si es que se ha saltado la lección y provoca un daño intelectual irreparable en esas criaturas con tan negligente olvido.

¡Nada menos que la celebre célula eucariota! Creí a pies juntillas que se trataba de un chiste porque las características de las células eucariotas es una de las preguntas de un examen (la décima, exactamente) que muchos profesores y profesoras conocemos muy bien desde que José Manuel Esteve y Julio Vera lo utilizaran hace años para demostrar lo absurdo e irracional de las enseñanzas que se imparten, y lo absurdo e irracional de la evaluación que se practica a lo largo de todo el sistema educativo. A la eucariota le acompañan otras cuestiones como el nombre de las células que producen los gametangios, la definición de la oración recíproca indirecta, los principales biomas terrestres, qué se consiguió con la paz de Augsburgo, y otros datos de indudable, inestimable y sobre todo incalculable valor para la formación humana integral de las personas. Desde que lo empleo con el mismo propósito en mis clases, ni uno solo de mis estudiantes ha “recordado” suficientes respuestas correctas para aprobar el examen, que sin embargo pregunta por “cosas” que efectivamente se han estudiado en algún momento. La inmensa mayoría de ellos no pasa del muy deficiente; incluso los que demuestran ser gente brillante, que los hay, palabra. Juraría que cuanto más brillantes son, más fácilmente han conseguido lastrar de basura sus cerebros olvidando semejantes anécdotas. Porque es que el saber sí ocupa lugar, sospechábamos muchos y ha descubierto no hace tanto la neurociencia.

¿Será que es tan importante saber eso de la eucariota y nos obstinamos en ignorarla? ¿Será que solo quienes estén familiarizados con ella tienen reservado un puesto en la gloria intelectual, a la diestra del ministro (de turno, a dios gracias)? Será mi propia estulticia que me obceca, pero me resisto a creerlo.

Hombre, no está mal que quienes deciden que hay que evaluar el sistema educativo a partir de los resultados de aprendizaje de los estudiantes partan de la base de que no pueden fiarse de los profesores. No es que yo esté de acuerdo, que desde luego que no, pero es un punto de partida para quienes después van a desarrollar todo un sistema de rendición de cuentas aparentemente independiente de la voluntad (floja, ya se sabe) e intención (mala, siempre mala) de los docentes. Pero hombre, si no se fían del profesorado, por lo menos que pongan al frente de la redacción de las pruebas a personas de las que los demás sí nos podamos fiar, gente que sea capaz de hacer preguntas con sentido que den la medida de lo que se estudia y se aprende de verdad en la escuela. Ah, claro, que no es fácil. Que es imposible, ya.

Y sin embargo, cualquier maestra, puesta al frente de tan absurda tarea, es capaz de hacer preguntas bastante más sensatas y ajustadas a lo que se espera que sus estudiantes deban haber aprendido.

¿Es mera incompetencia o hay toda una legión de tontos útiles, cada uno en un frente, sirviendo a una estrategia global bien urdida de acoso y derribo de la educación?

 

Publicado el 26 de mayo de 2016 en Periódico Escuela

3 Comentarios a “Eucariotas

  1. Miguel Sola

    Gracias por tu comentario, Carmelo. A ratos todavía no puedo creer que no sea una broma, de verdad.
    El efecto más devastador de las eucariotas, los polímeros o las audiciones es que maestros con una vida de dedicación, de trabajo y de ilusión terminen refugiándose en el cinismo para poder sobrevivir. Que uno espere a poder jubilarse porque está cansado, ha cumplido y se lo merece, vale, pero que esté deseando que llegue ese día sintiéndose derrotado, fuera de lugar, sin referencias como bien dices… Eso sí que es demoledor.
    Menos mal que hay Manolos y Noelias por ahí con ganas, con conocimiento y con fuerzas todavía para mantener la pelea con dignidad. Es admirable lo que están haciendo en sus clases y con las escuelas con las que colaboran. No tenemos más remedio que mirarnos en ellos y aprender.
    Un fuerte abrazo.

  2. Carmelo Fernández Millán

    Estimado Miguel:
    Antes de leer tu acertada y ponderada opinión, ya había comentado con mi hijo Manolo -al que tan bien conoces- sobre estas “malditas” pruebas que un gobierno absolutamente desnortado, con una visión retrógrada de la Educación y con el único propósito de intentar demostrar que la privatización de los centros educativos mejoraría nuestros resultados académicos, nos ha obligado a hacer a muchos maestros-as de 6º y 3º de EP.
    Al trabajar en Melilla, pertenezco al denominado “Territorio MECD”, como tutor de 6º me ha tocado hacer de “policía examinador” en estas pruebas….Por supuesto en un centro diferente al mío váyase que yo, como funcionario, prevaricase con mis propios alumnos.
    Y sí, yo también sufrí las preguntas de los alumnos sobre las “fundamentales” eucariotas, como sufrí la de los polímeros o aún peor todas las de una audición en inglés que, según opinión de otro maestro que curso el C1 en la Escuela de Idiomas, no era la adecuada para estos chicos. Item más, me molesté en buscar en esas “competencias básicas” que tan de moda están entre los inspectores educativos (y que no sé como hemos podido trabajar hasta ahora sin rellenar y calificar en todos y cada uno de los alumnos los centenares de ellas que nos pide la Administración) las palabras “eucariotas” o “polímeros”…..y ¡¡ ni señal de ellas!!.
    Mi indignación ha vuelto a superar los límites de mi tensión arterial y he decidido adoptar la postura más cínica que alcanzo ante la nula validez y fiabilidad de estas “malditas” pruebas que se suman al castigo hiperburocrático en que las administraciones educativas están convirtiendo nuestro trabajo, haciendo que más de uno y de dos pierdan las auténticas referencias de nuestra labor educativa.
    En fin, que tu artículo me supone “una tila” en mis pensamientos profesionales. Máxime sabiendo que su autor si que sabe de Educación. Gracias Miguel, por favor sigue mandándonos tus “tilas” también a los viejos maestros que nunca hemos perdido nuestra esperanza e ilusión por hacer una Educación mucho mejor.

  3. Enrique Sánchez

    Puesto que la Historia se divide en periodos (Prehistoria, Edad Antigua, Edad Media…) y los contenidos se reparten en cursos (primero, segundo, tercero…), parece lógico que se correspondan los unos con los otros. Esto es lo que han debido pensar los legisladores de la Comunidad de Madrid, al redactar el currículo de Ciencias Sociales de la educación primaria.

    Así, con nueve años, tercero de primaria, se enseña a los alumnos lo que es un siglo y cómo debe identificarse con números romanos y, a partir de ese momento, el tiempo empieza a correr. La historia de España se expone en fragmentos, ordenados cronológicamente desde lo remoto hasta lo cercano.

    A los 10 años se les enumeran los sucesivos habitantes y visitantes de la Península Ibérica: celtas, íberos, fenicios, griegos y cartagineses; desde los pintores de las Cuevas de Altamira hasta el último emperador romano. El Paleolítico, el Neolítico, la Edad de los Metales y toda la Edad Antigua, narrada en capítulos semanales de una hora de duración.

    La Edad Media y la Edad Moderna, ese periodo en el que vivieron los godos, nos invadieron los árabes, descubrimos América y construimos un imperio, se estudian con 11 años. Al parecer es la edad más adecuada para enterarse de “la conversión de Recaredo al catolicismo en el año 589, las batallas de Guadalete (711) y de las Navas de Tolosa (1212), algunos hechos importantes de los reinados de Carlos I, Felipe II y Felipe IV o los aspectos fundamentales del reinado de los Borbones”; por citar algunos de los hitos, fechas y personajes históricos que se detallan en el currículo oficial de la asignatura.

    Por último, con 12 años, se aborda la Edad Contemporánea, desde la Revolución Francesa hasta nuestros días. La Guerra de la Independencia, las Guerras Carlistas, la Restauración, la pérdida de Cuba y Filipinas, las Repúblicas, la Guerra Civil, el franquismo, la transición y, por último, la incorporación a la Comunidad Económica Europea. Con esto se concluye la formación histórica elemental que todo alumno madrileño debería tener.

    http://www.otraspoliticas.com/educacion/la-batalla-de-guadalete

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