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Fernando J. López

Perfil

9 enero, 2014

«—¿No os gusta leer? —me alarmé.

—Leer sí, claro —me respondió Julia—. Pero la literatura, para nada.

Algo falla cuando Julia está convencida de que los libros y la literatura son dos cosas distintas.»

Este diálogo de La edad de la ira es la versión novelada de una conversación real. Tuvo lugar en una de mis primeras clases como profesor de Lengua y Literatura Española en 4ºESO y admito que, en un primer momento, me costó reaccionar. ¿Los libros sí y la literatura no? Sin embargo, y pese al aparente oxímoron, no había nada de paradójico en esa respuesta. Al revés, fue una de las más sensatas y esclarecedoras contestaciones que me han dado jamás.

¿Cómo iba a gustarle la literatura a aquella alumna a quien habían convencido de que consistía en memorizar autores, obras y títulos? ¿Cómo iba a disfrutar haciendo una y mil veces el mismo modelo de comentario de texto y respondiendo preguntas que, PISA dixit, miden la comprensión lectora y donde -en realidad- solo se le pedía la extracción mecánica de información? ¿Qué razón habría para que encontrase algún tipo de placer en Berceo, el Mio Cid o Góngora, textos y autores que le habían sido impuestos sin tener en cuenta ni su edad, ni su horizonte de expectativas, ni sus posibles intereses como lectora?

Llevamos décadas obcecados en el mismo modelo: convirtiendo la enseñanza de la literatura en un catálogo y no en una experiencia. En un repertorio de datos inútiles (olvidados tras su vómito en el examen pertinente) y no en una vivencia personal. Décadas enfocando una materia tan amplia -y tan fascinante- como esta desde el empobrecedor criterio cronológico, convencidos de que el mejor modo de fomentar la lectura en un adolescente de trece, catorce o quince años es sumergirlo entre jarchas y fragmentos épicos o de obras de teatro del Siglo de Oro.

Entretanto, la literatura del siglo XX queda relegada a una tímida aparición: tímida porque sucede cuando ya está todo perdido y porque, cómo no, se limita a los textos consagrados. Del siglo XXI mejor no hablar: ni siquiera aparece -¿esto no era ya 2014?- en los planes de estudio. Y sobre los planes y currículos de la LOMCE, solo podemos añadir que su radical despropósito acabará de arruinar las escasas vocaciones filológicas que aún subsistan.

Mecanismos como el actual examen de Selectividad -donde la pregunta literaria es puramente teórica y memorística- o las futuras reválidas -que convierten la educación en una versión ampliada del Trivial Pursuit- ahondan en esa visión de la literatura como un conocimiento accesorio, superficial y solo indispensable para superar ciertos obstáculos, no como una actividad necesaria para construirnos e identificarnos como individuos y como sociedad.

Desde las aulas -nuestra última trinchera- somos muchos los docentes que compaginamos las exigencias del programa oficial con nuestra intención de formar futuros lectores. No resulta sencillo sacar tiempo para ambas cosas, así que vivimos en un equilibrio inestable que nos permita huir del catálogo y sumergirnos en las páginas, en esos libros que, ahora mismo, no forman parte de la obsoleta y rancia enseñanza (oficial) de la literatura.

25 Comentarios a “Cómo fomentar el odio a la lectura

  1. Rodrigo

    Vendería mi alma al diablo a cambio de no hacer nunca un examen más de lengua, es una asignatura ridícula y pesada, no acaba nunca y no sirve para nada y menos para los estudiantes de ciencias. No se enseña a quererla ni a respetarla sólo se te dice toma este libro y estuditelo entero eeh que no te quede ni una palabra sin leer… Por favor, mañana tengo examen, alguien me pega un tiro?

  2. Profe de Lengua

    Tengo que darte la razón en todo porque yo también remo en el mismo barco:
    http://blog.educastur.es/axia/2008/01/21/no-al-libro-obligatorio/
    Ni literatura es un catálogo, ni la lectura una obligación.

  3. carmen zubiaga

    Soy una profesora de matemática que amaba las clases de literatura. Recuerdo a mi profesora contándonos sobre la vida de los escritores y la época histórica en la que vivieron. Nos hacía vivir la poesía. Hasta ahora recuerdo algunos poemas de Vallejo, Abraham Valdelomar, Eguren… Gracias a ella que ya en los 60´s había captado tempranamente la idea de lo que se trataba.

  4. TF Famux

    Llevo años denunciando esto, concretamente desde que salí de instituto.

    Mi afición por la lectura es innegable, he devorado libros a cientos e, incluso, me he hecho escritora (acaban de publicarme el primer libro) pero aún hoy en día siento una repulsión hacia los clásicos que no he logrado superar, debido precisamente a lo que comentas en tu artículo.

    Enhorabuena y sigue divulgando.
    Un placer leerte.

  5. Lhc

    Podria sustituir el titulo por: Cómo Fomentar el Odio al Estudio.
    Aquí interesa gente que huya de las aulas y se dedique a malvivir de cualquier cosa, que sea ignorante y facilmente manejable, que le puedan engañar bancos, eléctricas, gasísticas y partidos políticos con argumentos ínfimos, ridículos o sencillas mentiras y que su ignorancia sobre el mundo y la sociedad en la que viven sea supina, que el miedo que sienten por mantener sus míseras vidas sea tal, que paralice cualquier movilización o acción social de reforma, en definitiva, España.

  6. namu.net

    Me alegra saber que existen profesores que se resisten a aplicar el programa implantado ‘por los de arriba’
    Yo tengo un hijo de 2 años. El próximo empezará una carrera de obstáculos.
    Y si lo que dices tan solo se aplicara a la asignatura de Lengua y Literatura, los padres aún podríamos buscarle algún remiendo.
    Pero la forma de enseñar está totalmente del revés cojas la asignatura que cojas. Es un maldito desastre.

    La solución no la va a aportar ningún gobierno. Y el problema es que hay muchos profesores apoltronados y otros tantos padres que prefieren mirar hacia otro lado, como si la cosa no fuera con ellos. A estos últimos son los primeros que hay que educar, porque son los primeros que deben alzar la voz para criticar la enseñanza que reciben sus hijos. La cuestión es que la mayoría no son conscientes de que hay otras formas de educar.

  7. depakine

    Lamentablemente a mis 37 años yo también soy victima de este odio a la lectura inculcado de esta manera en la que se explica en el artículo.
    Me produce auténtico “sopor” acercarme a un libro, y lo he intentado de 1000 maneras y contenidos de lo más variopinto… Imposible…
    Estoy convencido que el intentar en mi adolescencia hacerme tragas con libros tan alejados de mi realidad como “la colmena, La casa de Bernarda Alba, 100 años de soledad” han hecho este odio de mi por la lectura.
    Una lástima.

  8. Arturo

    Estoy de acuerdo en que hay que cambier. La pregunta es, ¿Cómo?
    Cada uno tiene sus teorías, pero espero que triunfe alguna buena.

  9. ainhoa

    Mas deacuerdo no podría estar, me encanta leer (afición que me enculcó mi madre) pero las lecturas obligatorias pueden quitarte las ganas.

  10. Alejandro

    el sistema gobernante es consciente de lo que aquí se expone y de hecho así lo ha diseñado. Fomentar la literatura ayuda a formar a gente con cultura, gente critica con capacidad y autonomía para cuestionar y rechazar la mayoría de politicas y normas injustas a las que estamos siendo sometidos.

  11. Manuel

    No puedo estar mas de acuerdo, siempre he leido muchisimo, desde muy pequenyo. Sin embargo, siempre he odiado la asignatura de literatura. Para empezar, a esas edades no puedes leerte el Quijote de Cervantes, o leer a Arcipestre de Hita u otros. El alumno no lo entiende, yo no lo entendia, y eso que yo devoraba libros por entonces. Algo que tampoco entendi y sigo sin entender es que estudiaramos exclusivamente literatura espanyola, cuando la cultura es universal. No seria mejor dar muchas opciones y no obligar a leer un libro en concreto?

    Yo he leido a Alejandro Dumas, H.G. Wells, Edgar Alan Poe, Julio Verne, Lovecraft, Arthur Conan Doyle, etc… por mi cuenta, porque me gustaba. Creo que no son escritores de pacotilla y los prefiero a los Cervantes, Jorge Manrique, Arcipestre de Hita, Camilo Jose Cela, Benito Perez Galdos, Lorca, etc… Luego te viene el prepotente de turno que te dice que sino te has leido el Quijote es que no te gusta la literatura y eso me revienta.

    En clase de literatura me han hecho leer cada bodrio, que sino hubiera sido por mi previa aficion a la lectura, habria odiado leer.

  12. Yolanda

    Hasta parece increíble que siga habiendo fantásticos lectores después de pasar por esas “lecturas obligadas” tan poco adecuadas a veces para la edad y los intereses de los alumnos. Pienso exactamente igual y me ha encantado el artículo. Enhorabuena.

  13. Maestra de Barcelona

    Recuerdo un chaval de 18 años al que le di clases particulares durante un año. Odiaba leer, no entendía nada de lo que le obligaban a leer en clase. Le pedí que leyésemos “juntos” algo más chulo. Elegí “Sin noticias de Gurb”; cada semana leíamos un capítulo y luego lo comentábamos. Estaba encantado, se meaba de risa y alucinaba con la imaginación de Mendoza. Con una novela cortísima le cambié el chip sobre la lectura. Ojalá pudiésemos adaptarnos siempre a lo que les gusta a los chicos. ¿Cómo lo hacemos con tanta prueba externa????

  14. Judith Carrera

    Estoy totalmente de acuerdo. Siempre he sido muy lectora y me leía cualquier cosa, pero es un despropósito que manden leer algunos clásicos cuando aún no se tiene madurez suficiente. Por no hablar de cómo se enseña la parte de lengua española, en la que tienen que saber analizar morfosintácticamente, pero no necesariamente aprenden a redactar distintos tipos de textos.

  15. Una más

    No olvidemos la importancia que tienen las bibliotecas escolares y las bibliotecas en los municipios. Hay literatura infantil de excelente calidad, también gente implicada. En Portugal, el anterior gobierno socialista desarrolló un plan de fomento de la lectura a través de bibliotecas escolares que el actual gobierno conservador tumbó. Aquí en la LOMCE ni se mencionan las bibliotecas escolares.
    En España los responsables educativos y creadores del esperpento llamado LOMCE conciben la enseñanza, como bien dice el autor de este artículo, “en una versión ampliada del Trivial”. Quieren que los alumnos se limiten a repetir como loros respuestas que soltarán en exámenes absurdos y reválidas inútiles, cuando la educación debe fomentar precisamente lo contrario, debe fomentar el hacerse preguntas, el espíritu crítico, la duda – pues todo razonamiento empieza con una duda -, la búsqueda incesante no de respuestas, sino de preguntas.

  16. Pablo

    No te sientas solo! Llevo años con ese mensaje, mis amigos están hartos de oírme! Ha sido fantástico ver que no soy un loco en el desierto.

    La educación secundaria en general deja mucho que desear, especialmente, en historia y literatura. Repeticiones, datos, ningún aprendizaje, ningún valor reflexivo, ningún criterio.

    Un abrazo, profesor, un escritor te saluda!

  17. Ika

    Hola, antes de todo, enhorabuena por la entrada.

    Ya han pasado unos cuantos veranos desde que pase del instituto y sus libros de lectura obligatorios pero desde aquella epoca hasta ahora he pensado lo que has escrito en esas lineas.

    Nos obligaban (si querias aprobar) a leer libros para nada apetecibles que no conseguias leer 2 hojas sin dar una cabezada o un bostezo..

    Pacté con una buena profesora que me leeria otros libros que me agradaran mas y fue ella misma la que me recomendaba titulos.

    Asi, a dia de hoy, tengo una buena costumbre de leer.

  18. Arya

    ¡Es completamente cierto! Recientemente ley el Tartufo de Molière. Sobrepaso ampliamente la treintena. El libro me gustó. Su mensaje es extrapolable a la sociedad actual. Es un clásico y su valor literario es importante. Alguien me dijo que era lectura obligatoria para la PAU. Aluciné en colores… Tartufo no es para adolescentes. Se aburrirían y no captarían la belleza de la obra. Si yo fuera adolescente, aborrecería la lectura. De hecho, a mí me obligaron a leer la Regenta con quince años y cuando vi su estatua en Oviedo, no quería ni hacer una foto en la que saliera ella (y el entorno donde está es precioso). Supongo que a mi edad, me encantaría el libro, pero no fue la lectura adecuada en ese momento.

  19. Dani

    Lo que llevo pensando durante mucho tiempo. Muy bueno.

  20. cimianop

    Crítica ampliable a todas las asignaturas. Así nos va.

  21. Pez Plano

    Absolutamente cierto.
    A un alumno no se le puede encender la pasión lectora a base de una lista/catálogo de obras . Y añadiría que mucho menos elegida por un grupo de personas muy alejadas de los alumnos (en edad), de las aulas (serán grandes filólogos, pero o no son profesores o hace años que no pisan un aula de instituto) y de los profesores.
    Si ahora soy un ávido lector no es por el sistema educativo (de hecho, me hizo cogerle manía a los clásicos durante muchos años!) sino por el entorno familiar (Profesores, libros en casa).

    Saludos, y enhorabuena por tu portada en Meneame!

  22. miguel

    En un libro de saramago un profesor de historia era defensor de enseñar la historia de presente a pasado. A lo mejor con la literatura se podría hacer algo parecido.

  23. Saw

    Toda mi generación tubo que aprenderse de memoria los datos de los más famosos autores literarios, a nivel nacional e internacional, sin leer ni siquiera un misero párrafo de cualquiera de ellos, solo memorizar y sin embargo podemos presumir de ser un generación aficionada a la lectura

  24. sbm

    Entro a través de meneame y sólo puedo decirte que enhorabuena por el artículo, me parece muy certero y lo resumes muy bien cuando dices que: “Llevamos décadas obcecados en el mismo modelo: convirtiendo la enseñanza de la literatura en un catálogo y no en una experiencia”. Con tu permiso lo “divulgo” en mi facebook

  25. Araña

    No podría estar mas de acuerdo, los tiempos actuales deberían cambiar el modelo

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