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Fernando J. López

Perfil

15 abril, 2015

Como dramaturgo, hace tiempo que padezco los males que nos ha traído a los escenarios el IVA cultural. Sin embargo, y ahora hablo como educador, no es ese el mayor de nuestros problemas. Sí es cierto que ha encarecido las entradas, que se ha convertido el teatro en algo inaccesible para muchas familias y que eso mismo está obligando a cerrar salas y compañías. Sin embargo, lo realmente terrible es que no existe un sustrato educativo lo suficientemente fuerte que se rebele contra eso.

En países como Francia o Inglaterra, con una cuidada y firme tradición teatral, sería impensable que se llevase a cabo una política cultural tan nefasta como la que hoy padecemos. Y no solo porque se entiende que la cultura es, además de un bien necesario, una industria que genera miles de puestos de trabajo, sino porque se educa en las aulas el amor al teatro, a la música, a la danza y, en definitiva, a las artes.

Esa educación, precisamente, es la que va a ser asolada en nuestro país gracias a la inminente reforma educativa. Y si ya no andamos sobrados de institutos de artes (su número de plazas es irrisorio en comparación con los alumnos que los solicitan) ni de asignaturas que fomenten la creatividad en el abigarrado horario escolar, ahora nos enfrentamos a este huracán LOMCE que amenaza con llevarse consigo cualquier atisbo de formación artística posible.

Música y Plástica, entre otras, se quedan relegadas a un ultimísimo plano y convertidas en asignaturas casi ornamentales, condenándonos así a perpetuar nuestra ignorancia en dos cuestiones de las que no debería ser necesario defender su importancia en la formación integral de una persona. Y, sin embargo, sí lo es, pues el desprecio que muestra la reforma ante la educación musical y artística deja constancia de que se prefiere el mecanicismo a la creación,  la copia memorística al trabajo de la sensibilidad.

Para qué formar personas capaces de amar la música, de entender el arte, de apasionarse con una melodía o de deleitarse con la visión de una obra pictórica cuando podemos diseñar autómatas, convenientemente alienados por un sistema donde se les obligará a recibir sesiones magistrales durante seis interminales horas –a veces, siete- de lunes a viernes. Lejos quedan otros modelos educativos (elijan ustedes el país) donde la escuela se basa en talleres, proyectos y actividades en las que los alumnos no reciben el conocimiento de forma pasiva, sino que lo construyen de forma activa. Claro que para esa revolución habría que replantearse el número de estudiantes por aula (¿se puede renovar el método con más de treinta y casi cuarenta alumnos en cada clase?) y, sobre todo, habría que hacer una sesión global de autocrítica a la que no sé si todos los miembros de la comunidad educativa estamos dispuestos.

Entretanto, volveremos a esos tiempos del BUP que, de repente, tanto parece añorar mi generación. Tiempos en los que la Música era una disciplina que solo se estudiaba en primero de BUP para pasar a convertirse, después, en optativa. Los alumnos de la LOMCE también habrán de conformarse con una presencia residual de esta materia, de modo que su sensibilidad musical dependerá de la voluntad de sus padres –o de ellos mismos– para cursar estudios en conservatorios o academias, siempre que se lo puedan pagar y que haya plazas para ello. En definitiva, la música se convierte de nuevo en una cuestión de elites: solo para una (pudiente) minoría, no vaya a ser que nuestros alumnos se apasionen con Debussy, o con Wagner, o con Mozart, o con Britten, y acaben llenando –y democratizando– las salas de concierto y los teatros de ópera.

Pero no solo les negamos la posibilidad de emocionarse con esas obras esenciales en el acervo cultural de la Humanidad, sino que también les estamos privando también de trabajar destrezas y capacidades tanto de naturaleza semiótica –no olvidemos que la música es un lenguaje y, por tanto, un código de comunicación- como de naturaleza emocional y transversal.

No habrá música en nuestras aulas como, ahora mismo, apenas hay teatro. Porque este último queda en manos del voluntarismo docente –una vez más–, de modo que son ciertos profesores los que, sin recibir compensación alguna, se quedan con sus alumnos fuera de horario a montar obras, trabajar textos y aproximarse a otro lenguaje que no solo hace crecer a niños y adolescentes en el terreno cultural sino, algo mucho más importante, en el terreno personal. Cuántos miedos, cuántas inseguridades, cuántos fantasmas se pueden romper subiendo a un escenario. La catarsis de la que ya hablaran los griegos no solo tiene lugar en el patio de butacas sino, más aún, en escena. Y en los ensayos. En ese proceso de conocimiento de uno mismo y de los demás a través de un personaje que no soy yo y que, sin embargo, me ofrece un espejo en el que mirarme.

Ahora mismo, en las puertas del orwelliano sistema que se avecina, soñar con más teatro, más música o más plástica en las aulas es una utopía. Un espejismo en medio de este desierto de alienación e incultura al que nos vemos abocados.

Artículo publicado en la revista Escuela, nº4057

7 Comentarios a “¿Artes? ¡Fuera del aula!

  1. Andrés Navarro Picazo

    Desde hace años me dedico al mundo de la música y el teatro, además de impartir clases a niños de estas artes.
    No seré yo quien quite importancia a la transmisión de conocimientos matemáticos o lingüísticos, porque creo que nadie duda de la necesidad que estos aportan al desarrollo de cada individuo. En cambio, me resulta paradójico y a veces, incluso, ofensivo que haya quien si dude de la inmensa cantidad de beneficios que aportan las artes.
    Es la subjetividad la que empapa estas materias llenas de creatividad, imaginación, y originalidad. Todo el mundo tiene arte dentro, porque todos pensamos y sentimos, y todos, necesitamos expresar el vaivén de emociones que tras la piel escondemos. Es esto por lo que me parece un error enorme cortar los medios que hacen que una persona encuentre como manifestar sus estados de ánimo y sensaciones, sus ideas y reflexiones.
    Desde hace años veo como mis alumnos entran el primer día a clase y no pueden aguantarse la mirada más de un minuto sin reírse, como comienzan a sentirse nerviosos cuando hablan delante de la gente, o como su cuerpo se bloquea cuando tienen que actuar ante la atenta mirada de uno de sus compañeros. A lo largo del curso veo como cogen seguridad, como pierden el miedo a hablar en público, como adquieren valores, se construyen como personas creativas, sensibles y empáticas, como sienten y como son capaces de transmitir sus sentimiento. En definitiva como se van haciendo humanos.
    George Bernard Shaw decía que los espejos se emplean para verse la cara, mientras que el arte sirve para verse el alma. Quizá atendiendo a todos los errores del pasado que aparecen reflejados y se repiten una y otra vez, debamos empezar a considerar la idea de quitar espejos y que se abran nuevos senderos a través de eso que algunos afirman que nos hace un poco más libres, el arte.

  2. Juan Ros

    En mi situación actual, estudiante, futuro educador y músico, no puedo estar más de acuerdo con usted.
    La LOMCE nos deja descontentos a estudiantes, docentes y apaga totalmente la esperanza de quienes quisiéramos dedicarnos al arte. Año a año (llevo unos 6 años en la música) cada vez vemos más difícil dedicarnos a esto de forma profesional. Y es que es muy curioso, no es que mi banda y yo seamos los nuevos Beatles, pero tenemos varios miles de fans, hemos tocado en el Auditorio Nacional de México frente a 10.000 personas como banda invitada, y un largo etc. ¿Y cual es el resultado final? La satisfacción personal, porque nunca hemos recibido apoyo de ningún tipo para dedicarnos a la música, al arte. En mi humilde opinión, el arte nacional esta en gran decadencia, y aplicar políticas “anti-arte” no va a mejorar las cosas.
    Como ya dijo Pablo Picasso “el arte es la mentira que nos acerca a la verdad”, quizá por eso parezca que nuestros políticos quieren acabar con ella.

  3. Inma Fernández

    Usted tiene toda la razón. La LOMCE implantada con la disconformidad de la mayoría de docentes y alumnado esta ley tiene un fin de romper la creatividad a muchos alumnos que serán el futuro del dia de mañana. Pero yo me pregunto ¿ que pretenden lograr con esto, eliminar la cultura, el arte? Eso no es educación.
    El arte es tan importante como cualquier otra disciplina como ciencias. Que cierto cuando muchos profesores hacen un esfuerzo fuera de su horario escolar y ensayan con sus alumnos obras de teatro, actuaciones para fin de curso. Todo esto les proporcionara enriquecimiento personal, enseñan a desenvolverse en publico es una herramienta muy valiosa que puede ayudar a jóvenes a quitarse miedos, inseguridades.
    Reflexionando estas líneas, muchos jóvenes cuando terminan sus carreras no saben desenvolverse en público por ello un método de ayuda a ganar confianza es el teatro pequeñas obras desde pequeños en colegios ayudaría a fomentar la seguridad en ellos mismos. ¿ Que haríamos sin actores, músicos, pintores, fotógrafos ? El arte debe de estar muy vivo en el ámbito educativo debe de ser tan importante como cualquier materia común.

  4. Irene López

    Desde mi posición de alumna universitaria de Pedagogía, opino que es lamentable la reforma que el Gobierno quiere introducir en el sistema educativo. Es triste que hoy en día se sigan considerando la pintura o la música como materias superfluas o de entretenimiento, materias “no serias” por así decirlo. Son muchos los que no creen que quienes ajercen esas profesiones son artistas y profesionales sino locos por dedicar su vida a hacernos crecer con la cultura. Por eso, defiendo que las materias artísticas estén presentes en el currículum desde el inicio de la escolarización de nos alumnos. ¿Qué tipo de sociedad queremos crear si, como bien dice usted, sólo buscamos personas autómatas y que no desarrollen sus sentimientos y valores? La escuela debe ser la cuna de la pasión por la cultura y, sin duda, para llegar a ello la música, la plástica o el teatro deben formar parte indispensable de ella.

  5. María José Ros Cantero

    Toda la razón. Quiero hacer referencia a lo que dices sobre que se le da poquísima importancia a la música o a la plástica como asignaturas en los centros escolares, y esto es realmente triste ya que si uno de esos niños/as en un futuro quiere ser artista o músico, ¿por que no se le forma para ello?, es decir, el sistema educativo solo piensa en formar para las matemáticas, la lengua, la ciencia y los idiomas, pero si la pasión de alguno de esos alumnos es el arte, ¿Por qué no se le forma para ello dándole la misma importancia a la plástica que a las ciencias o a las matemáticas cursándose las mismas horas semanales?
    Actualmente estoy en la universidad estudiando pedagogía y aun no he tenido que buscar la fórmula de las ecuaciones de segundo grado ya sea por gusto o por necesidad, en cambio, en mis ratos libres escucho música y de vez en cuando dibujo o me intereso en buscar el arte existente en algunos países. Esto quiere decir que aunque no me he dedicado ni al mundo de las matemáticas, las ciencias, etc. ni al de el arte o la música, hoy en día busco más información acerca de estas últimas que de las primeras. Aun que tampoco con esto quiero decir que unas sean mas importantes que otras sino que todo es importante por que los gustos y las pasiones humanas son infinitas y en la formación básica se debe formar y preparar para que cada uno en un futuro sepa elegir lo que le gusta realmente y no lo que se le ha impuesto.

  6. Hitos

    Soy profesora de Artes Escénicas en el Bachillerato de Artes Escénicas, Música y Danza. Digamos que en el difunto Bachillerato porque el espejismo de los últimos seis años se ha desvanecido definitivamente al ver cómo van a quedar materias fundamentales de este Bachillerato como el Análisis Musical (2+2 horas), el Lenguaje y Práctica Musical (2+2 horas) o las Artes Escénicas (4 horas en 2º) frente a la Cultura Audiovisual (8 horas).
    En estos últimos cinco años he tenido la oportunidad de tratar con alumnos creativos, interesantes y agradecidos de tener una oportunidad de hacer el Bachillerato cursando materias cercanas a sus intereses. Los he visto esforzarse y crecer. Ahora tendrán que volver al catón y a hacer música en la calle y teatro extraescolar mientras quedemos tres locos de los que emplean tiempo extra para hacer montajes y disfrutar con ellos. Es desolador, pero nadie me podrá quitar el disfrute de estos últimos cinco años con los que despido mi carrera docente. Suerte a los que vengan detrás, la van a necesitar si esto no cambia.

  7. Erebus

    Por desgracia tengo que decir que tiene usted toda la razón, punto por punto en este artículo. Soy licenciado en Filosofía, otra de esas cosas que el Ministerio de Educación supone superfluas, y lo mismo que ve usted en la enseñanza de las artes, lo veo en mi materia. Cuantísimos beneficios, tanto directos como transversales, traen las artes y el pensamiento a la educación del ser humano. Yo cada día soy más consciente, sin ir más lejos, de lo limitada y torpe que ha sido mi educación en artes. Ya en mi época, tanto música como plástica eran “marías”, asignaturas sin mucho valor que se daban casi más por puro trámite curricular que por un interés real en trasnmitir una serie de cosas. Hoy lamento mucho no haber aprendido ciertas cosas de pequeño, como aprender a tocar un instrumento o a dibujar bien, y me doy cuenta, ahora que trato de aprenderlas por mi cuenta, de lo complicado que es llevarle la contraria a años de ausencia. Y el asunto va a ir a peor en los próximos años con la salvajada de la LOMCE. Nos estamos disparando en el pie, tirando piedras al tejado y meándonos en la boca. Todo a la vez.

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